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El Espíritu

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  1. Una práctica espiritual para una era integral
    Una práctica espirtual para una era integral
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En Progreso

Una práctica espirtual para una era integral

Son muchas las personas que emprenden la práctica de la PIV con el objetivo de aumentar su nivel de conciencia. Y es que, aunque abarque muchas formas diferentes de práctica y pueda satisfacer una amplia diversidad de objetivos y motivaciones, su objetivo fundamental apunta siempre al despertar. En torno a eso, por decirlo en pocas palabras, ha girado, durante la mayor parte de la historia de humanidad, la realización del Espíritu en la vida cotidiana.

¿Pero qué es lo que entendemos por “espíritu”? ¿Qué es la “espiritualidad” y qué es la “práctica espiritual”? Todas estas expresiones se refieren a “cuestiones relacionadas con las preocupaciones últimas”, el epítome de todo lo que es importante, la esencia de la bondad, de la verdad y de la belleza.

Según se dice, el Espíritu es el amor sin límites que se encuentra más allá de toda descripción.

En nuestra relación con lo esencial se asientan algunas de las cuestiones más complejas y que más han separado a los seres humanos. Aunque baste con echar un vistazo a las grandes religiones del mundo para descubrir en ellas un auténtico tesoro de ejemplos y enseñanzas espirituales, también nos brindan el catálogo más espantoso de guerras, crueldades y cuestiones que aparentemente no tienen nada de espirituales. Es por esto por lo que hay quienes, en un intento legítimo de desmarcarse de las formas de práctica y adoración legadas por las diferentes tradiciones, se empeñan en afirmar que son espirituales, pero no religiosos. Son personas que, pese a estar interesadas en rescatar el bebé del Espíritu, quieren dejar bien claro que no tienen absolutamente nada que ver con el agua de la bañera de las religiones organizadas.

Todavía ignoramos el aspecto que, en el siglo XXI, debería asumir la práctica espiritual. Y es que, aunque constituya el núcleo esencial de las grandes religiones, no puede limitarse a los dogmas concretos de ninguna de ellas. Y, del mismo modo, sin poder alejarse de la razón y de la ciencia, tampoco puede reducirse a ellas. No niega el cuerpo ni el entorno cultural, pero los trasciende (al tiempo que los incluye) a ambos y, sin ignorar el poder del inconsciente y de la sombra, aspira a ubicarlos en un contexto mucho más amplio.

Pero la práctica espiritual tampoco debería despreciar las profundas contribuciones realizadas por las tradiciones religiosas. De hecho, la práctica espiritual integral es perfectamente compatible con la devoción religiosa. En este sentido, la PIV puede coexistir con cualquier tradición religiosa, como el cristianismo, el judaísmo, el islam, el budismo, las múltiples ramas del hinduismo y del chamanismo y cualquiera de las llamadas nuevas religiones. De hecho, la PIV ilumina la profundidad y la riqueza de cualquier camino y de cualquier práctica —llegando incluso a revitalizar y renovar el interés por las antiguas tradiciones— tanto de quienes se consideran espirituales, pero no religiosos, como de quienes, por el contrario, se consideran muy religiosos.

El módulo del Espíritu de la PIV gravita en torno a lo que podríamos denominar “espiritualidad básica”, es decir, las enseñanzas, instrucciones y prácticas esenciales derivadas tanto de las antiguas tradiciones de sabiduría como de las comprensiones proporcionadas por la modernidad, la postmodernidad y el marco de referencia OCON.

Y ello no nos confina a ninguna forma concreta de práctica, es decir, no nos obliga a creer en un determinado Dios ni a rezar o meditar de un determinado modo. El marco de referencia OCON sólo nos obliga a enfrentarnos al hecho de que, si queremos acceder a ciertas experiencias, percepciones y dimensiones de la conciencia, debemos comprometernos en determinadas actividades. En suma, este marco de referencia nos enseña a diseñar nuestra práctica de un modo más personalizado, relevante y eficaz.

El módulo del Espíritu también sirve para discernir aspectos importantes de la espiritualidad empleando, para ello, algunas de las distinciones clave OCON que hemos presentado en el Módulo de la Mente, a saber:

  • Estados de conciencia espiritual, que van y vienen, frente a estadios del desarrollo espiritual, que puede ser experimentados de manera más permanente.
  • Visiones del mundo y ondas evolutivas, y el modo en que pueden llegar a determinar nuestra comprensión de lo Último.
  • La línea espiritual de la inteligencia y sus diferentes niveles.
  • Las visiones sobre, del y como el Espíritu que tenemos desde la primera, la segunda y la tercera persona.
  • La práctica espiritual de los tres cuerpos, es decir, del cuerpo ordinario, del cuerpo sutil y del cuerpo causal

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